Reinaldo Van Domselaar, el protagonista de esta historia, admite que hablar de Malvinas lo emociona. Dice que quizás es por la edad o por todo lo que está pasando debido a la pandemia. Sin embargo, la guerra no solo habla de su historia profesional, sino también del legado que le dejó a sus 7 hijos y del vínculo que construyó con un soldado de Córdoba.
Reinaldo, en ese momento, era Jefe de Gastroenterología en el Servicio de Clínica Médica. Había llegado al Hospital Regional tres años antes desde Buenos Aires, tras recibirse de médico en la UBA (Universidad de Buenos Aires) y haberse desempeñado en el Servicio de Sanidad de la Presidencia de la Nación.
“Recuerdo que el 2 de abril por la mañana había sucedido el desembarco en las islas, y el mismo día, a las dos y media de la tarde, recibimos al primer herido: Diego García Quiroga, que era un teniente de fragata”, comenzó contando a ADNSUR.
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“Entró con dos heridas de bala: una en el antebrazo derecho y otra que le entraba en la zona del hígado, las costillas del lado derecho, y le salía por la espalda. Lo atendió el doctor Jorge Wainer; quedó internado y tenía hematomas pulmonares, neumotórax y una lesión de la parte motora en el nervio radial del brazo derecho. Sin embargo, tuvo la suerte de que en ese entonces estaba el doctor Sanguinetti, traumatólogo internacionalmente conocido y especialista en manos, quien lo operó y logró que se pudiera recuperar.”
Reinaldo recuerda con lujo de detalles ese día, el bautismo de guerra del nosocomio, tal como lo indicó su hijo Manuel en una monografía que presentó durante su carrera docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, cuando cursó la materia Historia de la Medicina.
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EL BAUTISMO DE GUERRA
Ese día fue el principio de la emergencia más grande que tuvo que atravesar el Hospital Regional en toda su historia. Mientras Diego García Quiroga era atendido, se decidía la evacuación del Regional. Los pacientes comunes eran trasladados a los sanatorios privados. Se redistribuían tareas, roles y se pensaba en la preparación del edificio.
La historia, registrada en documentos, cuenta que la sala de parto se convirtió en un quirófano para tener cuatro salas de operaciones; las ventanas se sellaron para evitar un posible bombardeo y se duplicó la cantidad de camas. El hospital contaba con 140.
Reinaldo recuerda que hasta el 30 de abril el trabajo fue menor que en otros tiempos. Es que, al evacuarse y al monopolizar la atención en otros centros, el personal médico y sanitario vio disminuida su tarea.
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Pero ese día llegó la primera señal de lo que vendría. Un memorándum firmado por el médico Alberto Poretti, director del nosocomio, confirma que el día previo al Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea se cambiaron los turnos y se modificaron roles.
Desde entonces, el personal comenzó a realizar turnos de 12 horas. Quienes tenían dedicación exclusiva trabajaban de día y quienes tenían dedicación parcial de 20:00 a 08:00. Además, técnicos y auxiliares de sectores como Kinesiología, Anatomía, Patología, Odontología, Farmacia y Laboratorio General pasaron a reforzar el Banco de Sangre, Radiología o Enfermería, según su capacidad y experiencia.
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Con la llegada de las tropas inglesas y el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, el escenario cambió por completo. La guerra había comenzado y la llegada de heridos se hizo más frecuente.
Para agilizar el traslado desde el aeropuerto al Hospital Regional, se construyó un precario helipuerto donde hoy está la Escuela de Arte. Allí llegaban los heridos, entre ellos Rubén Canale, el otro protagonista de esta historia que fue recuperada por Infobae.
UN VÍNCULO ETERNO
El 7 de junio, Rubén, un soldado de Leones, una pequeña localidad de Córdoba, fue evacuado de las Islas Malvinas, desnutrido y con las manos y los pies congelados. Él había llegado el 2 de abril al archipiélago con el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento.
Un pozo se hizo en la zona del Aeropuerto, que fue su cuartel, y un mortero, su misión. El objetivo era evitar que las tropas inglesas recuperaran la pista.
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El día del Bautismo de Fuego, Rubén casi pierde la vida. Una bomba cayó a 15 metros de su posición.
Finalmente, el 7 de junio, una semana antes de la rendición, fue evacuado de noche, con un avanzado estado de desnutrición.
El soldado fue internado en el Hospital Regional, donde conoció a Reinaldo, que en ese entonces era el doctor Van Domselaar. Poco a poco se fue recuperando y un día tuvo el deseo de escribirle a sus padres.
Canale puso el corazón, Reinaldo la letra y juntos le escribieron la carta. El doctor le recomendó decirles que estaba vivo, internado y que no tenía nada grave, para sacarles un poco la preocupación que seguramente tenían.
“Queridos papá y mamá: estoy vivo, estoy sano y estoy internado en el hospital regional de Comodoro Rivadavia. Aquí me atienden de primera, la gente es muy buena y, si Dios quiere, como la cosa va mejorando, probablemente dentro de poco me deriven…”, comenzó diciendo en el escrito que recuperó el periodista Joaquín Sánchez Mariño.
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Ese día, el vínculo se selló para siempre y, cuando le dieron el alta, Rubén le quiso dejar un recuerdo a Reinaldo: un pasamontañas y una manta que lo abrigaron durante la guerra.
Fotografía inédita el helipuerto que se instaló detrás del Hospital Regional perteneciente al archivo de Reinaldo Van Domselaar.
UN HOSPITAL DE GUERRA
Canale fue uno de los más de 457 soldados que pasaron por el Hospital Regional. Solo el 18 de junio ingresaron 257 combatientes con diversas heridas, aunque el congelamiento y la desnutrición eran los principales cuadros.
Ante la falta de camas, a pesar de que se habían recibido numerosas donaciones, se utilizaron colchones para la atención de los heridos.
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Para ese entonces, los soldados ya no llegaban con historias clínicas como sucedió durante la guerra y, a través de estudios y exámenes, cirujanos y clínicos sacaban conclusiones sobre cada caso. El apoyo de la comunidad también fue constante. Vecinos llegaban a conversar con los soldados; otros les llevaban golosinas, elementos de tocador o una guitarra para tocarles alguna canción.
Para Reinaldo, el funcionamiento del Hospital Regional es su gran orgullo. “Es una gran satisfacción y un gran orgullo para el Hospital Regional y para Comodoro Rivadavia. No falleció ningún soldado derivado de las Malvinas y había de todo. El factor común era que estaban desnutridos de 25 o 30 kilos de lo que tenían que pesar, eran muy jóvenes y el 30% tenía pie de trinchera o lesiones por congelación. Iban llegando casos cada vez más graves y con menos historias clínicas. Venían operados y había que ver cómo estaban, pero no falleció ninguno gracias al profesionalismo de todos.”
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EL RECUENTRO
La vida para Reinaldo y Rubén continuó luego de Malvinas. El soldado se recuperaba en el seno de su hogar y el médico volvía a las tareas cotidianas del Regional. La guerra había terminado.
El 16 de septiembre de 1982, la vida los volvió a encontrar. Rubén le escribió una carta al doctor en la que le agradeció lo que hizo por él, le recordó que era de Leones, donde vivía un amigo suyo, y le contó que estaba bien de salud.
El tiempo alargó la distancia y cada uno continuó su vida. Reinaldo finalmente se jubiló y combinó su actividad docente con sus días en la chacra. Rubén continúa transmitiendo lo que significó la guerra y, desde hace 14 años, todos los viernes realiza un programa de radio llamado “Malvinas, aún espera”.
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En 2019, Canale y Van Domselaar se volvieron a encontrar a través de la magia de la radio. Esa comunicación a la distancia dio pie a un nuevo encuentro cara a cara.
El veterano de guerra venía a Sarmiento a participar de un acto en el Regimiento de Infantería 25. El médico ya retirado estaba en su chacra. Camino a la Patagonia, Rubén hizo un alto en el camino. Esa noche cenaron, tomaron vino y el soldado se volvió a encontrar con la manta, la misma que él usó en Malvinas y que Reinaldo guardó como un tesoro.
“Esa noche le mostré la frazada que me regaló y que él había usado en Malvinas. Todavía la tengo, por supuesto, como un tesoro. Es una manta de una plaza, la uso para la siesta. Son recuerdos muy valiosos”, reconoció a ADNSUR este médico que en 1994 fue presidente de la reforma constitucional de Chubut y jugó un papel fundamental para darle rasgo constitucional a los veteranos de guerra y reconocer sus derechos. Otro orgullo de la provincia.
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Reinaldo junto a Rubén y otros Veteranos de Guerra que lo acompañaron en ese viaje.